Manifiesto Crisiscista
jueves, 19 de agosto de 2010
opciones del armaggedon
domingo, 15 de agosto de 2010
versión inverecunda
sábado, 8 de mayo de 2010
ruedas
Deberían existir ciclos vitales entre los vivos y los muertos...
Los muertos
que tanto extrañan la vida
Deberían resucitar en estos días de verano
De calentamiento global
por su avidez y su aburrimiento del descanso
No les importaría soportarlo
mientras los vivos
no queremos abrir los ojos
ni estar en esta tierra
ni recordar que existimos.
lunes, 22 de febrero de 2010
sin título
martes, 9 de febrero de 2010
Ahora sé que es así
Tu vientre de sal
suave como dios
implica una fragilidad
un sabor
una hendidura en las vidas
que se desliza hacia la orilla del mar
hacia mi lengua rota
............................como copa
abre un párpado
abre el otro
y los ojos cerrados se besan
se muerden
..............................y las cosas mueren
de piedad
Hay un rigor mortis en mi cara
una plancha ruborizante
una bofetada que se encamina a mí
para despertar
como trueno
como electricidad inverecunda y enhiesta
Nuca empañada de olores
se desliza por las manos
por las casas
por las azoteas y por todos los recovecos de mi cerebro pueril
tu vientre de sal
tu cama inexistente
tus brazos merecen un soliloquio
y nada es vasto sobre ti.
hay un grito todas las mañanas
un unicornio enfermo
una verdad escondida o dormida en la hamaca
un patíbulo que se muerde los labios deseando mis cuerdas
miércoles, 30 de diciembre de 2009
rotonda de los neros ilustres con sus amores
domingo, 27 de diciembre de 2009
Alzheimer (descripción)

lunes, 21 de diciembre de 2009
Mérida, Yucatán por la noche de invierno
Monolito incandescente
martes, 24 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
Loveseat.
sábado, 17 de octubre de 2009
La Separación de los Hermanos Martín
martes, 13 de octubre de 2009
jueves, 1 de octubre de 2009
Andar Polvoso
viernes, 28 de agosto de 2009
Suite de Madera
--------yo
-----------tú
----------el perro aquel
---------------------------y la muerte
que no sabe qué hacer.
II
Tu boca que se ensarta en mis oídos
y retumba
------------------como la muerte en los muertos
Tu boca que asalta
a tu boca
III
Tus pétalos nuevos que cantan
tu silencio espumoso
tus pies que cantan
tu fantasma ampuloso
tus ojos que abrazan mis ojos
y tus manos
y yo estoy tan nervioso.
(por favor, ignore los guiones, son requeridos para conservar los espacios)
Claroscuros

hombre de dos sombras
caminante entre las mañanas
con mi pensamiento enrollado en tus piernas
me dedico a olisquearte en rayos abruptos que entran por debajo de[la puerta
rayos de diamantes que brillan en mis párpados cerrados
y siempre me despiertan
que me mantienen –como lobos-
atado a la vigilia de tu espera.
jueves, 27 de agosto de 2009
Deshacerse Sobre tu Cama

miércoles, 19 de agosto de 2009
La Laberíntica Ciudad de Aire

No hay por donde establecer un camino
Y tampoco cómo quedarse sin sus palabras
Aunque apenas uno las pronuncia se quedan en el aire
Y uno –quiéralo o no- ya las ha regalado
Se vuelven palabras de aire
Entonces, al leer este verso
Habrá un “aire” de aire
O tal vez un vaso de aire de agua
o un vaso de agua de aire
y la antítesis:
un vaso de aire de agua de aire
para soñar que hay un poco de agua seca
o agua que no moja tanto.
lunes, 27 de julio de 2009
I
Había esperado toda su vida por esa última cita casual. La había imaginado tantas veces mientras caminaba por la calle. Imaginaba, por ejemplo, que al dar la vuelta en la esquina los dos se encontrarían caminando en direcciones opuestas como sus sexos y platicarían de nuevo por horas; o encontrarla al salir de una función o tal vez antes de entrar, en la taquilla.
Pasaba por las mismas calles, por su casa, por la casa de sus abuelos, iba a los mismos sitios a los que iba con ella, pero no quería llamarle, prefería seguir con esa circunspecta fe en la casualidad. La casualidad nunca lo dejó mal, pero sí se demoró un tanto, y esta vez lo hizo unos cuantos años y de una manera en que su corta imaginación jamás habría de señalarle.
Una llamada lo despertó y con los ojos cubiertos por una membrana de cansancio muy difícil de disolver, contestó el teléfono con una voz plagada de murmullos:
-No, número equivocado. -Y colgó.
II
Memorizó el número de teléfono desde que ella se lo dio en el coche, escrito en un papel arrancado con sus pequeños y cuidados dedos. Sus manos eran más poderosas que sus labios. Antes de escribirlo, ella preguntó “¿cómo le pongo? ¿sólo Renata?” y él dijo que con eso sería suficiente, cuando en realidad sabía que al escribir su nombre todo se desbordaba, el papel se volvía insuficiente, todo quedaba plagado de su materia, de su nombre, de ella. Él sabía bien que ella pudo haber escrito una simple serie de números y de cualquier manera hubiera recordado cada recoveco del papel, las características de la tinta, el tipo de números que escribió y demás detalles que convertían ese papel en un objeto de museo.
Bajó del coche y lo miró a los ojos. Esos ojos de ella que llenaban todo el país escrutaban esas esferas pueriles y endebles, enceguecidas por ella, tímidas ante la fuerza y dureza amorosa que exhalaban. Ella lanzó un beso y se dio la vuelta tratando de aparentar que estaba preocupada por sus responsabilidades. Era tarde pero no le importaba mucho, y a él mucho menos: no eran sus compromisos. Les hubiera fascinado la idea de posponerlos y se quedarse juntos toda la tarde. Pero a ambos les faltaba valor y no de igual manera orgullo.
-nueve, nueve, nueve, dos, dos ocho, cinco tres, cero nueve.
Un verde en el semáforo siempre sí es impostergable. Ante un semáforo nadie se detiene a pensar que entre sus dedos está la enzima catalizadora de la emoción que sentiría muchos años después así que conduce con el papel entre los dedos, lo arruga un poco al tomar el volante con fuerza y el papel sin más delicadeza.
Nueve, nueve, nueve, uno, cuatro cuatro, cero cero, cuatro cuatro.
Él nunca la llamó, esperaba a que sea ella quien le marcase, quien se interesara en la relación que sostenían en ciernes y que se siempre se quedó en vilo. Las esperas de su actitud lo hicieron perder el número que ella conocía y por el que se comunicaban. Así de simple fue como dejaron de verse. Toda cita, todo encuentro casual tiene un final por casualidad.
III
Mayo en Mérida. Se han olvidado entre el calor. Pareciera que se pusieron de acuerdo para seguir cada uno solo por bifurcadas rutas cada vez más distantes y no que fue el destino quien los separó forzosamente.
Ella vive sola. Él vive con otra, pero su sigiloso amor siempre se ha mantenido acechando el regreso de ella. En una perpetua espera. Ella siempre ha sido más comedida, menos apasionada.
Nueve, nueve, nueve, seis, dos cuatro, siete cinco, dos tres.
Ella por la mañana necesita el fregadero, pero no sirve; ergo, necesita también al plomero. Busca en su agenda, en su bolso, en su escritorio, en la mesa del teléfono y ahí está: la tarjeta blanca, arrugada y borrosa que le entregó el plomero –tal como ella lo hiciera años atrás-, antes de irse, pretendiendo publicidad barata.
ARMANDO CIAU SALAZAR
PLOMERIA Y ELECTRICIDAD
Nueve, nueve, nueve, seis, dos cuatro, siete cinco, dos ocho.
Los números luego de tres meses en una tarjeta no son del todo claros y el ocho más bien parece tres, así que ella marca las cifras que cree que descifra. Nueve, nueve, nueve, seis, dos cuatro, siete cinco, dos tres. Y espera en la línea.
-Aló- él acaba de conciliar el sueño y, al recibir esta llamada, también de despertar.
-¿Es usted el plomero Armando Ciau?
-No, número equivocado.
-Gracias.
Cuelgan.
Al cerrar los ojos él sabe que las voces no cambian mucho. Él sabe que conoce esa voz. El sabe que le ha colgado a la bailarina con manos de agua y mirada de madera. Y la membrana de cansancio se desploma de sus ojos y su lengua domina al sueño y sus orejas se adaptan al ruido de la mañana y sus manos saltaron sobre el identificador y para volverle a marcar, pero para entonces ella ya había marcado el número correcto.
jueves, 23 de julio de 2009
el raYo.

La columna vertebral de la Tierra
su partida
su principio su fin
su cintura angosta como tus palabras
toda su luz extraviada en la piel de tu cara
ese flash inmarcesible
luminoso y terso como una llama
deambula en apoteosis
y vacía de aforismos tu cara
Su voz seca
ronca
se parte
en bocanadas que respiramos
respiro
respiras
sólo que hay inhalaciones
que no se aprecian en tus pulmones
lunes, 15 de junio de 2009
pasos giratorios
como hotel de paso
y riegas tus pasos por las aurículas
y riegas tus pasos por las ventrículas
pero tus pasos no se quedan ahí
se amotinan por todo mi cuerpo
se amotinan por todo mi cuero
se agazapan
soslayan mi ínfimo poder con tu cuerpo infinito
y es que puedo hacer tantas cosas
controlar otras
miles de subordinados
autos
máquinas
edificios
complejos diagramas de árbol
pero tus pasos
tu pasos
pasan por mi pensamiento como por un patio soleado
y me dejan en vilo
con las palabras fracturadas
y los hilos de la mirada enrollados.
Fernando Cisneros.
